29 de enero de 2009

Los autodoctorados con simplificación administrativa: la argolla académica


Una de las significativas actividades académicas, formativas y laborales de todo profesor universitario es acceder a estudios de postgrado (maestría, doctorado y postdoctorado). En algunos casos, se realiza como producto de un impulso de carácter autoformativo, vinculado a la investigación científica y la producción intelectual, dedicada a contribuir efectivamente al desarrollo científico de una área.

En otros casos, imposibles de cuantificar, se realiza como el cumplimiento de un requisito de ascenso de categoría y por ende de incremento de remuneraciones.

El caso de los "doctorados bamba" de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, llegó al extremo, pues ni siquiera se exigió estudios regulares y se auto-otorgaron alegremente doctorados "por trayectoria" se supone.

En Puno, la universidad donde trabajo, ya se estableció el programa de doctorado, con promociones salientes a la fecha, que bien podríamos llamar de Autodoctorado, pues lo que se busca es doctorar a los profesores en ejercicio, a través de estudios regulares dentro de la misma universidad donde se labora.

Hasta la Universidad Católica de Lima con Autodoctorados

Mediante el blog el Grancomboclub.com me entero que hasta la Pontificia Universidad Católica del Perú, considerada por muchos, como la mejor universidad del país, ha implementado un programa de doctorado para sus propios profesores universitarios. Se trataría, tanto el caso de la Católica, la U. de Puno y Arequipa, de casos de doctorados para cubrir el mercado interno: muy, muy, interno, casi burocrático y nada más

Es de suponer que los estudios de postgrado son un espacio de formación progresiva de alto nivel in crescendo. Me interrogo ¿qué valor tiene que un colega o varios, tal vez amigos, de mi propio departamento académico me enseñen y eventualmente me asesoren la tesis doctoral?

Lo lamentable es que este cáncer está generalizado en todas las universidades del país. NO EXISTE un ente serio y fuertemente institucionalizado que acredite la calidad de los estudios de postgrado en el Perú.


22 de enero de 2009

La cojera de Hernan Fuentes: la cáscara discursiva


La incertidumbre levantada por la proclamación de la ("poderosa y espectacular") Región Federal Autónoma Quechua-Aymara se debe, entre otras posibles razones, a que carece de soporte, pudiéndolo tener, por la sencilla razón que Hernán Fuentes, presidente regional de Puno, sus asesores y los consejeros que lo secundan, no se encuentran mentalizados ni por asomo, no son seguidores en lo más mínimo y desconocen -supongo- casi por completo el significado real de lo que proponen.

En primer lugar, acudir de modo desembozado y alocado a la afirmación de la identidad étnica, sin siquiera haber exhibido una trayectoria de compromiso con las proclamas y acciones concretas de los pueblos indígenas es un despropósito que lo encuentra desnudo a Fuentes. Fuentes, no es un paladín político de la civilización andina. Es sencillamente un oportunista que ha visto en la reivindicación identitaria una ventana apropiada para aprovechar coyuntural y electoralmente el momento.

En segundo lugar, acudir al autonomismo como potencia constructora de nación quechua aymara son palabras mayores para nuestro pintoresco personaje. Los nacionalismos, aquí, allá y en cualquier lugar, se han edificado con hombres de envergadura que han sabido actuar en el momento exacto y procesando creativamente expectativas reales de la población. El autonomismo nacionalista le queda muy grande a Fuentes. No goza de la fuerza edificadora de una nación. Se trata de un caso más del "cholo" que aprovecha las reivindicaciones de los pueblos originarios y nada más.

En tercer lugar, proponer la federalización implica un reflexivo proceso de pensamiento de lo nacional y lo regional. La postulación del diseño federal es una arquitectura compleja de organización política que se sostiene sobre un conjunto de factores históricos, geo-económicos, sociales y culturales. La federalización de este conjunto de naciones llamado Perú, combinada con el autonomismo micronacionalista y sazonado con la afirmación étnica es pura cáscara, hojarasca en la boca de Fuentes.

Ni qué de decir, si la propuesta contendría directamente la postulación de una ciudadanía intercultural o multicultural en el marco de una profunda democratización de la sociedad regional de cara al S.XXI.

Por tanto, Fuentes es solamente un pequeño caudillo provinciano, radical y oportunista con una atractiva cáscara discursiva. ¿Si habrá seguidores? Por supuesto. ¿Si tendrá trascendencia? Poco probable. Es, ha sido y será un caso más de fachada. Detrás de él no se observa un núcleo vigoroso democratizador. Pero eso sí, es un extraordinario manjar analítico para las ciencias sociales. Una delicia para la fruición intelectual. De esos personajes que dejan huella por las cantinfladas en las que se meten y por la criollada con la que actúan. Algo así como una versión provinciana del político "Cholo Power"

17 de enero de 2009

Bush y Gaza: crímenes de guerra ante nuestras narices


¡Cómo son las cosas! Bush deja la presidencia y debería ser sometido a juicio por crímenes de guerra; pero ¿acaso es una causa que indigna a la opinión pública mundial? Por lo menos en Facebook ha surgido la causa Arrest Bush and Cheney for War Crimes

¿Y el genocidio contra los palestinos en la Franja de Gaza? Otro caso de crimen de guerra del Estado israelí. En Facebook tambien hay otra causa a favor del pueblo palestino: STOP Israel's War Crimes in Gaza

No sé hasta que punto este ejercicio de ciudadanía virtual que rebasa fronteras llegará a tener repercusión con los años; pero cualquier ser humano que se precie de tal, debería estar atento a los hechos que causan indignación y denunciarlos. La tecnología debe ser puesta al servicio de los altos valores y principios universales.

16 de enero de 2009

El federalismo puneño: cáscara y máscara


La historia de la separación de Puno con respecto al Estado nacional peruano no es nueva, ni tampoco una novedad para los historiadores. Es más, como sostiene Jose Luis Rénique la historia de Puno es la historia de la atalaya desde la cual se comprende mejor el Perú y razón no le falta. Independientemente de la mancomunidad andina que significó el Tahuantinsuyo, durante la Colonia surge el primer germen de separatismo con los acaudalados hermanos Salcedo, una suerte de pugna entre el poder central y el localismo de los nuevos ricos. Al final murieron ajusticiados por el nefasto Virrey Conde de Lemos en 1668.
Otra idea separatista fue propuesta por el sacerdote Francisco Carrascón y Solá. El clérigo sostenía, con fundados argumentos, que Puno "era el emporio de una vastísima población indígena", se hallaba lejos de las capitales de los virreinatos españoles y que el centralismo virreinal afectaba con mayor fuerza al altiplano peruano. Es por ello, que en 1801 propuso la creación del Virreinato de Puno. No pasó de una curiosa propuesta.
La más sugerente separación de Puno fue con la Confederación Peruano Boliviana, genial idea del gran mariscal boliviano Andrés de Santa Cruz. Esa corta experiencia confederativa dividió en tres estados los territorios de Perú y Bolivia, y se constituía en una formidable estrategia geopolítica que impedía las pretensiones expansivas de Chile. Pero, la Confederación duró 3 años nada más.

Otro tanto sucedió con la rebelión de Wancho Lima en 1923 que estableció la "República Aymara del Tahuantinsuyo" liquidada a sangre y fuego durante el gobierno de Augusto B. Leguía. Del lado de los célebres gamonales puneños, verdaderos íconos de perversión al interior del Perú, José Angelino Lizares es lo más cercano a Hernán Fuentes: propuso el sistema federal para el Perú pero sazonado con mágicos vínculos a la organización comunal. No pasó de un proyecto de ley desorbitado que favorecía al gamonalismo.

En nuestros tiempos otro descocado ha sido, y parece que nos olvidamos, el "cacique" Róger Cáceres Velásquez y su "Segundo Tahuantinsuyo" ("por eso marca el símbolo del chullo"). Mucho más cercana se encuentra la propuesta de autonomía regional de otro célebre misti, David Jiménez y su Nación Quechua Aymara. Y no falta quienes ahora mismo se suben al postmoderno carro de la autoafirmación indígena y sacan partido: se benefician.

Sea como fuere todo queda en palabras, desconocimiento de filosofía política, chacotería ideológica, superficialidad de ideas, aprovechamiento de las circunstancias y falsos sentidos de reivindicación. Dobleces por donde se le mire: máscara y cáscara, a la vez. Me pregunto ¿cuándo dejaremos de votar por charlatanes, feriantes, endulzadores del oído, gente que nos acaricia con sus alocadas ideas, pero que de sustento "cero balas"?

Me resisto y me resistiré a pensar que los grupos humanos tienen los líderes que se merecen; pero al parecer las evidencias son crueles, muy crueles y devastadoras.

A propósito, quién (¡Quién!) le sale al frente a Fuentes y propone una discusión seria y a profundidad -como debe ser- de los alcances y limitaciones de la reforma estatal, de una nueva forma de organización política, sobre la descentralización y el centralismo, la regionalización y el desarrollo.

No debería ser acaso la silente sociedad civil puneña, la ociosa comunidad universitaria, las legendarias organizaciones populares, los endebles colegios profesionales. La pelota está que rueda y nadie tiene la testosterona suficiente para poner las cosas en su sitio. O acaso se repetirá la frase inmovilista y mediocre de siempre: "déjalo que se desgaste solo". ¡Ay, Puno querido!

14 de enero de 2009

Cruzada nacional por la reforma universitaria

Más de una vez he tocado este tema. Ya se vuelve recurrente y hasta enfermizo. Pero no deja de sorprenderme la necesidad de una profunda reforma estructural de la universidad pública en el Perú. En realidad la historia nos debería juzgar por estafa.
No puede ser posible que el nivel de los profesores universitarios de las universidades públicas haya decaído de tal manera que simplemente se trate de un vulgar puesto laboral. No quiero relatar mi experiencia, caería en una enorme delación. Creo que debería surgir una campaña o cruzada nacional por la reforma de la universidad pública; pues, algo tiene que hacerse. ¿Habrá interesados?

Algo de mis ideas sobre el tema están en
http://autocosmofilia2.blogspot.com/2006/11/la-universidad-como-faro-del.html

13 de enero de 2009

Renegar del origen, cambio de apellido: de Quispe a Quimper


A tono con el post anterior. Ahora me ha venido por reflexionar sobre las personas que deciden cambiarse de apellido o realizar algunos ligeros cambios a su apellido. Mi primera sorpresa sobre un cambio de apellido la tuve cuando escuchaba que existía un Mamani que se cambió a Mamanini; luego supe de los Quispe que mutaban a Quimper o Kespe. La mayor de las sorpresas fue cuando supe que una de las autoridades de la universidad donde trabajo hizo un enroque de sus dos apellidos, es decir, si por ejemplo era Yucra Lopez, ahora era Lopez Yucra o de otros que de Condori pasaron a Condo o Del Cóndor. Más tarde, con más sorpresa supe de un apreciado alumno que practicó una completa "reingeniería" a sus apellidos de origen andino.

Al principio, siempre me pareció un triste y calificado caso de falta de autoestima; pero con los años he logrado comprender las motivaciones que empujan a un Mamani, Quispe, Condori o Hancco a renegar de su apellido.

Claro, en una sociedad racializada y jerarquizadora debe ser ser difícil salir adelante con tales lastres y más aún si no se tiene un sólido autoconocimiento, ni muchas armas para enfrentar la vida.

Hollywood y las serranías peruanas

Cosa curiosa, pero seguramente han oido hablar del famoso actor Michael Douglas, el esposo de la bellísima Catherine Zeta-Jones, pues Douglas es hijo del no menos famoso Kirk Douglas, actor de Espartaco. Los Douglas no son Douglas, sus ancestros eran rusos y apellidaban Danielovitch Demsky. Y como es evidente, para entrar en el mundo de Hollywood, en la vorágine del espectáculo capitalista, hubo un cambio de apellido.

Así que, mi preguntas son las siguientes:

- ¿Las personas tienen legítimo derecho a cortar con su triste pasado y cambiarse el apellido y hasta el nombre, y así acceder a un futuro más dichoso, por lo menos simbólicamente?

- ¿Es un acto de falta de autoestima, de odio a la cultura ancestral y andina, o se trata de un camuflaje?

8 de enero de 2009

Blanqueamiento y racismo: "Hay que mejorar la raza"


Anoche leía el capítulo República sin ciudadanos de Buscando un Inca de Alberto Flores-Galindo. Se trata de un ensayo que evidencia nuestra herencia de servidumbre racista en la sociedad peruana. Bueno, no tuve mejor reflexión que compararla con mi propia vida.
Recuerdo que de niño mi madre nos contaba, a mi hermana y a mí, que su suegro (un contador provinciano de baja estatura y piel "canela") era partidario de inculcar en sus hijos que se casen pensando en "mejorar la raza". Y como es obvio los cuatro hijos siguieron el consejo racista del padre. De esa "mejora" algunos salimos "blanqueados" como es lógico.

A mi hermana y a mí, el relato siempre nos pareció desagradable y racista. Hoy, no juzgo, pero comprendo las dificultades que han pasado muchas familias para ascender en una sociedad jerarquizadora y discriminatoria.

En mi caso, cuando me enamoraba, jamás pensaba en "mejorar la raza". Supongo que ese era el sueño del abuelo: que sus nietos no carguen el estigma del color jerarquizador. Jamás he sentido lo que mis antepasados seguramente experimentaron: cargar con la "verguenza" del color de la piel.

Alguna vez le pregunté a Cecilia Rivera -viuda de Flores Galindo y mi profesora en el doctorado- sobre estudios alrededor del "blanqueamiento" racial en la sociedad peruana. Me respondió que es una área un tanto virgen.

Mi punto de vista es que el "blanqueamiento" fue y seguramente sigue siendo una práctica extendida, una estrategia de ascenso, un mecanismo de aseguramiento de las generaciones futuras; pero, a la vez, un frontal autodesprecio al pasado indígena o afroperuano. Una de las tantas miserables formas de existencia social a la que nos hemos visto sometidos por la imposición hegemónica de un modelo que aún valora inmisericordemente el pigmento de la piel.