Somos Prometeos en un mundo glo-cal

Este es mi primer post que expresa directamente bajo la metáfora de un mito, uno de los aspectos centrales de mi concepción de la razón de ser de los hombres sobre la tierra. Prometeo, el titán giego, robó el fuego de los dioses del Olimpo para entregárselo a los incipientes hombres, semejante proeza le costó la sanción más extraña y simbólica: encadenado en el monte Cáucaso cada mañana una aguila le roía el hígado Pero, luego sería salvado por un hombre singular: Hércules. El aspecto que rescato es el del fuego, algo así como la energía vital, la chispa de sentido, acaso el fuego interno que todos tenemos, o al menos creo que tenemos. Alguno

En los tiempos actuales de pensamiento global y acto local, queda claro que la misión, el compromiso, el deber (o como quiera llamarse) es hacer de nuestros actos diarios un homenaje a la figura de Prometeo, pues crecer o desarrollar sólo se logra haciendo que otros crezcan o desarrollen.
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