9 de agosto de 2006

Otra vez atizando la discriminación contra Puno: la Zona Franca

Uno de los deja vu "made in Peru"
madre e hijo 2
La llegada del presidente Alan García a Puno para anunciar in situ la dación de la Ley que crea la Zona Económica Especial de Puno fue y será aplaudida por los puneños y todos aquellos que creen que el desarrollo nacional y la lucha contra la exclusión requiere de instrumentos concretos y viables.

No faltan quienes sostienen que es una salida más de corte populista y que el propio García lo hace por razones de cálculo político, a fin de apaciguar las futuras protestas de una de las zonas más reacias al sistema instaurado desde la fundación de la república.

Más allá del posible populismo, es una norma esperada y que requiere de perfeccionamiento; sin embargo, sorprende y deja boquiabierto algunas declaraciones. Raúl Saldías de la Comisión contra el Contrabando, de la Sociedad Nacional de Industrias, ha declarado para el diario Perú21 que ninguna empresa formal se instalará en la tierra altiplánica, pues sencillamente “no hay condiciones”. En parte es cierto, pero de ninguna manera un representante de la élite industrial puede negar de plano que las exoneraciones tributarias para las industrias que se instalen en Puno no son una oportunidad de negocios. O es que acaso una cosa son los negocios costeros y otra hacerlos en la sierra del sur.

Otra voz en la misma línea fue pronunciada por Gianfranco Castagnola, director de Apoyo Consultoría, el especialista ha llegado a sostener que está dispuesto a apostar que dentro de 3 o 5 años, la actividad industrial que se quiere promover será inexistente y que ninguna empresa se trasladará a Puno.

Agoreros de desdichas de esa calaña, saben que sus declaraciones influyen en el humor empresarial, profesional y mediático. Ellos no hacen sino reeditar la vieja percepción discriminatoria que el poder siempre tuvo sobre el poblador andino, especialmente puneño.

Vestidos de modernos chapetones advierten de “los peligros” de andar por esos lares, allí donde la población cobriza es numerosa, donde el abigarrado cuerpo de costumbres ancestrales entra en conflicto con las edulcoradas maneras urbanas y limeñas. De ese modo está entrando a escena la Ley de Zona Franca Industrial.

Con los ojos sospechosos de la clase industrial hacia el ande puneño poco se puede avanzar. La construcción compartida del futuro se logra cuando todos nos veamos por igual, cuando los odios y ascos larvados generacionalmente sean extirpados de una buena vez. Cuando entendamos que el ande del sur es heredero del único legado histórico del que podamos sentirnos orgullosos, cuando más allá de los agoreros se yergan especialistas que más bien recomienden técnicamente mejoras precisas, cuando pongan su intelecto para avizorar dicha y no desdicha.

Si los representantes de la élite industrial y consultores del sistema se expresan de esa manera a pocas horas de tan importante anuncio ¿qué podemos esperar en los siguientes días? Tal vez más de lo mismo. Lo cierto es que actitudes de ese tipo deben propiciar en la élite regional respuestas técnicas de altura. Pues caeríamos en lo mismo que se cuestiona si emergen posiciones destempladas o iracundas. Se impone, en estas horas de renovada discriminación, trascender con propuestas equilibradas, sosegadas y acertadas, que apunten a un futuro inclusivo y superior para las nuevas generaciones de puneñas y puneños.


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Pregunto:

¿Tan difícil, digo, será superar el racismo, el paternalismo, la infantilización, discriminación y desconfianza hacia el "otro"?

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