4 de diciembre de 2006

Dignidad ciudadana a raíz de Chávez, Fuentes, las indulgencias y el CADE

¿Qué pueden tener en común cuatro hechos distantes?: La abrumadora reelección del presidente venezolano Hugo Chávez por encima del 60%, que le permitiría gobernar 14 años, si acaba su mandato; la concesión del Papa Benedicto XVI de indulgencia plenaria (superperdón de los pecados a condición) a todos los creyentes que vayan a misa el viernes 8 a los templos de los ultraconservadores sodálites; el paro de 48 horas del virtual presidente regional de Puno, Hernán Fuentes, a fin de presionar a la ODPE y el Jurado Electoral Especial, para que de una vez por todas lo declaren triunfador de las elecciones; la mañosa y sorpresiva toma de consciencia de los ejecutivos en la 44º edición del CADE, pues ahora afirman estar del lado de una visión compartida de largo plazo para el Perú.

Un hilo invisible une a estos 4 hechos: liderazgo institucional en crisis, por donde se le mire. Es decir, las instituciones llamadas a garantizar una vida democrática, productiva y con valores hace buen tiempo que flotan en el océano de la confusión. Por ejemplo, los partidos políticos son nada, en términos de organización y discusión de programas, al lado de los caudillos y líderes mesiánicos; la desorbitada feligresía católica sumisa e indiferente ante el descomunal avance de ideas y actitudes intolerantes y anticuadas; organismos electorales extraordinariamente lerdos y burocratizados que permiten que cualquier hijo de vecino se les suba encima y de un soberano puñetazo deje en zozobra su trabajo; empresariado convenido que solo acepta todo lo que le beneficia y se rasga las vestiduras con el “descubrimiento” que hay pobreza y pobreza extrema en nuestro país.

Parece ser que vivimos para sobrevivir, para mantenernos vivos, por inercia. Dejamos que otros escriban el libreto y nosotros solamente lo cumplimos, sin espíritu crítico o indignación ante lo evidentemente insano e injusto. O al revés, de tanto desprecio y marginación por no actuar o ni siquiera tener libreto, no las enfilamos contra todo lo que se mueva, henchidos de resentimiento y odio, para que todo cambie.

El dilema ético, la elección moral de todos los días, se resuelve por el lado del menor esfuerzo, del así-no-más, de qué-saco-a-cambio. Desvinculados de las fuerzas superiores que dan sentido a la existencia privada y colectiva, hemos tocado la trompeta de la retirada, del sálvese-quien-pueda.

Por eso, fluctuamos de la rebeldía al sometimiento “como Pedro en su casa”, sin vernos al espejo de la realidad, de nuestra condición digna por sobre todas las cosas. Dignidad como sujetos históricos, merecedores de ciudadanía, familia, trabajo, alegría, amigos, reconocimiento, logros, sueños y misiones, del color que sean pero que son.
Así ya no habrá sobreabundancia de Chávez salvadores y paternales, Benedictos zorros y conservadores, Fuentes faltosos y rebeldes, empresarios comodones y discriminadores. Nos desataremos de la perversa función de convivir fuera de la razón, o sea, siguiendo liderazgos vacíos de dignidad humana y viviendo en medios de lo errado con el despropósito, con lo inmoral, con los ojos y oídos cerrados. Ese día llega, pero cuesta. No cae del cielo, ni de la mano de un patrón o señor: es fundamentalmente una conquista personal.

1 comentario:

carlos dijo...

A quién defiende Ud. Señor Eland Vera?