14 de noviembre de 2006

¿Quién ganará las elecciones? La ociosidad y orfandad ciudadana

La campaña electoral municipal y regional ha sido una vez más el laboratorio vivo y experimental de nuestra condición regional y nacional. Y es que como si fuésemos conejillos de indias de algún imaginario científico, hemos sido sometidos al estímulo público de la búsqueda del poder. Unos como candidatos, otros como sicarios y juglares, y los más como espectadores narcotizados

El resultado no ha podido ser más deprimente y gris. Otra vez, como el absurdo Sísifo, hemos recorrido los mismos caminos, las mismas sensaciones y decisiones. Otra vez sometidos a nuestra orfandad, a todo lo que nos falta como país. Otra vez a la búsqueda del padre severo pero justo. Otra vez hemos permitido que los cantos de sirena maltraten nuestra inteligencia.

Una vez más la reflexión fue ganada por la flojera y triunfaron las emociones. Una vez más los resentimientos, los odios, las falacias, los prejuicios, los chauvinismos y las fobias ganaron. Visto en términos de aprendizaje: volvimos a plagiar.

Hay que decirlo con todas sus palabras: los ciudadanos se arrugaron, renunciaron a su poder. Pruebas. A pocos les interesaron las propuestas técnicas, poquísimos se preguntaron por los equipos profesionales que llevan los candidatos o por leer en grupo los planes de gobierno con visión de futuro. Preferimos entregarnos a la lujuria de lo superficial y fácil.

Sometidos al engranaje de la propaganda mediática, caímos rendidos ante el encanto de las imágenes y los lugares comunes de los candidatos. Al final seguro que algunos votarán a ganador y no se harán problemas. La ociosidad nos ganó.

A la pregunta ¿por qué razón votó por tal o cual candidato? Seguramente responderemos con sentimentalismo o plagios aprendidos en la campaña. Y al final tendremos lo de siempre: el círculo comenzará a girar partiendo de la estruendosa expectativa, pasando a las sospechas en algunos meses y culminando en el rechazo.

Algunos dirán “es una experiencia”, “estamos aprendiendo”, “cada elección es mejor a la anterior”. Tal vez. Pero no se vale con plagio y flojera. Sin entusiasmo de futuro inclusivo, ni reflexión consciente y estratégica.

Quizás el pesimismo del balance sea justo y necesario; sin embargo, la fuerza de la esperanza no puede morir a menos de una semana de nuestro compromiso con el porvenir. Todavía queda la posibilidad de hacer el último esfuerzo, pues el tramo final de la campaña no es trabajo para los candidatos: es trabajo de los electores.

Un último esfuerzo para abandonar la pereza y asumir la responsabilidad ciudadana de mandar, gobernar sobre los destinos de nuestras regiones y localidades. Sí es posible.

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