15 de noviembre de 2006

Electores golondrinos y vivencias postcoloniales

Tiquillaca es un pequeño distrito de la provincia de Puno con 1,400 electores, en las elecciones del 9 de abril. De pronto y sin razón fundamentada, pues no es un centro comercial o económico, la población electoral se ha incrementado en un 27%.

Hoy en la mañana, para sorpresa mía, mientras conducíamos Línea 11, el matutino de Televisión Universitaria, llegaron los candidatos a la alcaldía de Tiquillaca. Pensé que tal vez era un debate que ellos mismos se habían pactado, hasta me resultó interesante.

La sorpresa siguió in crescendo cuando manifestaron que la razón de su presencia era para denunciar a los cerca de 400 ciudadanos golondrinos que habían efectuado cambio domiciliario a Tiquillaca.

La entrevista siguió su camino y poco a poco se desbrozó el intrínguilis: uno de los candidatos mencionó que todo era por la reelección del alcalde. Y claro, esa era la razón del golondrinaje. Pero no todo quedó allí, pues el que va a la reelección no es el alcalde; sino su esposa. Sí, la primera dama de Tiquillaca “sucederá” al cacique-alcalde. Incluso, para acrecentar el realismo mágico electoral, el sobrino-ahijado del alcalde encabeza otra lista para dispersar el voto.

Alcalde y primera dama, denuncian los candidatos unidos, vienen haciendo campaña condicionando a las madres pobres de Tiquillaca, beneficiarias del Vaso de Leche. Presión de gamonal y sometimiento de siervos. Así de doloroso.

Más curiosidades, el diario Los Andes publica en su sección de humor, que los funcionarios del Jurado Especial han detectado que buena parte de los “golondrinos” (hoy afanosos tiquillaquenses) son estudiantes de una de las facultades de la UNA.

El golondrinaje es una estrategia vedada en las campañas electorales, que sucede principalmente en poblaciones pequeñas, en las que un ligero incremento de electores puede producir la distorsión necesaria para ganar las elecciones distritales.

Y en cuanto a la atmósfera caciquista y postcolonial que observo a diario (repito, a diario), solo queda la esperanza inacabable de seguir bregando, aunque sea con un granito de arena.

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