24 de octubre de 2006

Los “periodistas” y los periodistas en periodo electoral

MAS SOBRE LOS PERIODISTAS DE PROVINCIA

Cuando el ejercicio –diremos profesional- del hombre de prensa es por circunstancias ajenas a la vocación, llevado por los azahares del destino y teniendo como maestros a personajes grises que no encuentran diferencia entre mercancía e información, el resultado es un espectáculo deplorable y avergonzante.

Algunos periodistas en periodos electorales afilan sus mejores armas, sacan lustre a sus mejores argumentos. Producen más en realidad. La fiebre circense estimula los apetitos por la publicidad política, las líneas editoriales (si las tienen) son ofertadas junto al paquete de anuncios. Las coberturas (llamémosle periodísticas) son naturalmente complacientes.

Y claro, del otro lado (o del mismo) surgen los odios, las revanchas, las frustraciones, los cálculos de plazuela y los libelos (verdadero nombre a la cochinada que salió hace algunos días denigrando la honra del alcalde). Como que el “trabajito” de periodista rinde en estas épocas. Algo así como el vendedor de globos en carnavales, o de trajes de luces en la Candelaria. Y es que el aderezo lo ponen los periodistas.

La influencia de la prensa negra, hay que decirlo con todas sus letras, ya no tiene el mismo alcance (gracias a Dios). El sometimiento a la dictadura de Fujimori, la contracampaña contra Humala y unos cuantos trapitos expuestos al sol (como lo hace el buen Hildebrant) han demostrado hasta el cansancio que algunos periodistas son tan “remunerables” como cualquier sicario.

En Lima, en las ciudades más importantes del Perú, y en los pueblos más pequeños se reproduce la implacable lógica de la prensa oscura: sacar provecho.

Ante esto, ¿qué queda? Tal vez dudar un poco más de la información periodística, dejar de ser “fans” de un solo tipo de programa o periodista, practicar más el zapping (cambiar de canal), combinar medios radiales con medios televisivos y leer más prensa seria (que incluya página de opinión y editorial). Además, comenzar a informarnos cada vez más a través de Internet, y en general, dejar ser corderos. Estar convencido que la objetividad periodística es un bonito slogan y nada más,

A su vez, los pocos (inocentes dirán los oscuros) que creen que el periodismo es piedra angular de la democracia y del ascenso a niveles superiores de vida, convivencia y progreso, les queda el galardón de la credibilidad como utopía alcanzable. Meterse en la cabeza que el periodista –como lo aprendí de uno de mis maestros- es puente entre el hombre y el hombre. Puente de sus aspiraciones, de su deseo de estar bien informado para decidir con certeza.

El periodista no influye, pero ofrece los datos responsables e imparciales que necesita el ciudadano. El periodista no condiciona, pero fiscaliza la labor de los funcionarios del Estado. El periodista no educa, pero genera el “darse cuenta” o tomar conciencia. El periodista no integra, pero cuida que el terreno de la integración esté regado.

El periodista no gobierna, pero siempre le recuerda a los gobernantes sus deberes. El periodista, en conclusión, no será el profesional excelso de la sociedad, pero cómo ayuda para que la democracia y la construcción de ciudadanía inclusiva y solidaria sea el pan político de cada día.

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