17 de octubre de 2006

Los “colaboradores” y los co-laboradores del candidato

Para nadie es un secreto que dentro de las organizaciones políticas regionales y nacionales, algunos “colaboradores” de campaña electoral son, más de una vez, ciudadanos oportunistas movidos por intereses únicamente personales. Y como el acercamiento al candidato es para obtener beneficios posteriores a la elección, al candidato no le queda mejor idea que cubrir la vil expectativa con ofrecimientos concretos.

Los ofrecimientos y su cumplimiento se convierten en la base sobre la cual se edifica la futura gestión pública. Tamaña mounstruosidad en la moral ciudadana coloca al institucionalizado acomodo como factor clave de la campaña y la gestión. No obstante, juzgados por la poca conciencia que les queda, los “colaboradores” pretenden lavar su indignidad con un juego hipócrita y cínico que denominamos conciencia ambivalente: “sacamos tajada, pero dejamos una obra”.

De esta manera, los “colaboradores” son el peor activo, el anti-capital humano de la campaña y la posible gestión. Y es que con liderazgos caudillistas y caciquistas, dicha especie mantiene su oscura vigencia en la política peruana. Todo un mal nacional y regional: la política como bandolerismo, como asalto del poder, como doble cara.

En ese desorden maquiavélico de apetitos, el ciudadano común y corriente –el verdadero centro de gravitación de la política- es rezagado a su más mísera condición de espectador y tonto-útil. Enjaulado en su pobreza, la “política establecida” lo absorbe y queda licuado en la vorágine del poder vertical y autoritario. Algunos tratan de salir de esa condición recurriendo, por desgracia, a las mismas artes de los “colaboradores”: ofreciéndose servilmente al poderoso, para obtener algo. Y así, el círculo vicioso mantiene su implacable lógica: devorados, sepultados, enajenados, creyentes de un sistema perverso y de nunca acabar.

Pero, las elecciones políticas deben devolvernos la esperanza y principalmente la memoria. El recuerdo del pasado para no cometer los mismos errores. Tal vez, un examen cuidadoso de nuestra condición ciudadana nos debe empujar sin temor a la aventura de hacer política. Haciendo política en nuestros gremios, barrios, organizaciones, comunidades lograremos el cambio. Cambio que al final de cuentas es una transfusión de nueva sangre vivificante. Ciudadanos convencidos de su rol en la historia regional. Esa es la reserva moral que necesitamos. Porque si no, seguiremos dando vueltas sobre el mismo eje.

Los “colaboradores”, deben ser reemplazados por co-laboradores que ofrecen su compromiso, su labor para una causa común, la entrega por la construcción compartida de un futuro inclusivo. Siempre el desarrollo de los países ha sido con ciudadanos convencidos de su misión. No todo viene de arriba, abajo está el depósito de los valores y principios: en el padre esforzado, la madre sacrificada, el joven estudioso, el profesional correcto, el campesino laborioso, el comerciante honrado, el maestro dedicado, el policía honesto, el deportista perseverante, el artista inspirado, el abuelo consejero, el oficinista cortés, el empresario responsable

Los grandes países tienen grandes ciudadanos. Ciudadanos íntegros que a la hora de votar meditan con el cerebro, el corazón y el espíritu puesto en el porvenir compartido: en la esperanza que todo es posible.

1 comentario:

Silent dijo...

mmmm realismo total... pero vale "ciudadanos ignorantes condenados a repetir la historia.." vale eso me recuerda a una canciòn de Zenit... ciudadanos de mierda que eligen gobernantes de mierda,,, upsss sorry... disculpa... pero asi es.... grrrr