5 de septiembre de 2006

Gobernar con los amigos:

Aprovechamiento colaborativo del poder

Es una inocultable verdad la crisis en la que se encuentra sumergida la política local y nacional. Conocidas evidencias son las candidaturas y campañas de última hora o el insignificante valor dentro de las organizaciones políticas que los militantes o cuasimilitantes otorgan a la formación ideopolítica, las elecciones internas o la natural conformación de posiciones o liderazgos diferentes; pues como es obvio estas organizaciones se sostienen en caudillos.

Como expresiones caudillescas, estas agrupaciones políticas son unidireccionales (no diversas), verticales (no democráticas), oportunistas (no principistas), inmediatistas (no visionarias), amiguistas (no meritocráticas). Precisamente este último rasgo de nuestro caudillismo político es el que luego trae consecuencias funestas, ya que si los líderes locales recurren a las amistades, al entorno emocional (no técnico) para gobernar, los efectos son desastrosos: torpeza y/o megalomanía (delirio de grandeza) en la gestión, mediocridad de proyectos y soluciones técnicas, acomodo generalizado, nula autocrítica y, por lo tanto, tendencia a la corrupción y el aprovechamiento.

Sabemos que la mayoría de nuestros caudillos hace política para dejar una que otra obra coyuntural, egocéntrica y visible, para servirse y servir a “sus colaboradores” (amigos, amigotes, ayayeros y parentela). ¡Ah¡ y cuando no cumple con los “colaboradores” surge la división y la traición; pues se quebró el antiprincipio: poder para sacar provecho colaborativamente.

Gobernar con los amigos es, como nos damos cuenta, otra marca descarnada de nuestra pervertida forma de hacer política, la forma colectiva que adquiere la corruptela en grupo, en clan, con el entorno.

¡Qué lejos se encuentran las modalidades técnicas, participativas, orientadas al rendimiento político en función al Bien Común! Propiamente imposibles con políticos acostumbrados a la carroña, al cálculo coyuntural y cortoplacista. Megalómanos de grandilocuencia provinciana. Tan pequeños que recurren a pequeños. Así funciona la política, ¿así permitimos que nos funcione la política de todos los días?

Es por ello, que estos dos meses y medio de campaña circense para atraer el voto cándido, deben servir para que las fuerzas solidarias de los que, por una u otra razón logran ver más allá del común, se unan, comuniquen y alerten a los ciudadanos sobre algo tan sencillo como increíble, tan inevitable como cercano, al margen de mentiras y rodeos: la principal arma para llegar al futuro distinto y superior, para alcanzar la educación soñada, para reír con confianza, para alejarnos de la pobreza, es la Política.

Con acciones políticas decididas y decisivas, a lo largo de la historia, se ha alcanzado el bienestar de los pueblos. No fueron caudillos ni campañas de última hora, ni siervos marionetas. Las grandes conquistas humanas se alcanzaron con una fórmula: hombres y mujeres convencidos del alcance de su rol, de lo que tenían que sacrificar a cambio de un Objetivo trascendental, no un objetivo caprichoso y de momento. Porque también es simple y dilapidario lo siguiente: el Bien Común se logra con renuncias que a todos no gustan, especialmente los que están acostumbrados a dominar y menospreciar.
Visto así ¿cuántos de nuestros políticos pasan la prueba? Y lo más crucial ¿pasamos la prueba como ciudadanos? Por eso, culminemos cada día con una sencilla obra política por más simple que sea, a favor del Perú soñado, distinto y superior.

1 comentario:

Juan Arellano dijo...

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