2 de agosto de 2006

Austeridad Estatal: Calmante de lo Urgente

El mensaje presidencial de asunción de mando del presidente García, puso sobre la mesa una de las virtudes más relevantes de las mentes progresistas y de los espíritus trascendentales: la austeridad. Pero ¿no esconderá algo más?

Primero conozcamos el significado etimológico. Según el Diccionario de la Real Academia, la austeridad es la cualidad de lo austero y este tiene a su vez dos acepciones significativas: severo y rigurosamente ajustado a las normas de la moral, y, sobrio, sencillo, sin ninguna clase de alardes.

Vista así, la austeridad estatal propuesta por García serviría para varios objetivos. De entrada arremete contra la insultante y huachafa frivolidad de Toledo, Karp y compañía, que llenó no pocos titulares (viajes innecesarios, agasajos, joyas, sueldos y consultorías tipo empresa privada). Sirve para autoimponerse un control personal, pues García es egocéntrico y vanidoso, tal vez uno de los megalómanos más pulidos de nuestra historia republicana.

Es útil, también, porque envía un certero mensaje a la opinión pública sobre las intenciones de seriedad y buen manejo que busca su segunda administración (los primeros actos de gobierno ya han demostrado una puntualidad, casi inglesa, en el programa del primer mandatario). En conclusión, la austeridad pregonada por el presidente demuestra que el Estado falla por frívolo.

Pero ¿realmente la austeridad resuelve los problemas o es un buen calmante? La austeridad estatal es una condición previa a un buen gobierno, es una suerte de garantía de inicio, es el requisito de admisión inevitable. Tenía que ser así. Claro que bastante falta le hacía al Estado, inclusive se podría afirmar que es un muy buen punto de apoyo; pero el desafío va más allá de la austeridad. Es convertirla en arma de combate contra la corrupción, si no fuese así no tendría ningún sentido y estaríamos ante un nuevo intento fallido más de reforma del Estado peruano.

La reforma del Estado, siguiendo la línea de García, puede empezar con la austeridad, pero no sólo se trata de la dación de leyes para controlar o eliminar gastos internos. Es fundamental, el diálogo virtuoso entre decisiones oportunas y estratégicas en inversiones relevantes de impacto regional y nacional, junto a una agresiva política de incremento de las arcas fiscales a través de programas y campañas orientadas a elevar la recaudación tributaria especialmente la lucha frontal contra los grandes evasores.

Como expresión socialdemócrata, el gobierno aprista se encuentra en la obligación histórica de “poner en su sitio” a la indigna intención de las empresas mineras de ofrecer como regalías lo que a ellos les parezca. Situación que se hace extensiva a todo tipo de presencia externa que explote los recursos naturales u ofrezca servicios. Se trata de empujarlos, desde la posición del poder político, hacia la puesta en marcha de programas de responsabilidad social que beneficien a la población. Toledo nunca lo hubiese hecho, pues tuvo como hombre fuerte en el gobierno a un ciudadano estadounidense, defensor a ultranza de los intereses transnacionales.

Más allá de la moralizante austeridad, García debe acometer la descentralización política y económica como la llave de ingreso a la solución de “los problemas de los del sur” (que de un tiempo a esta parte se ha vuelto en un desagradable sinónimo de paria nacional). Finalmente, la verdadera llave maestra es la reforma del sistema educativo, desde la educación inicial hasta la educación superior, considerando la función y uso de Internet y los medios de comunicación; pero esas son palabras mayores que ignoramos honestamente si los apristas podrán encarar alguna vez.

Publicado en el Diario Los Andes

1 comentario:

Lic.Mariela Diaz Vera dijo...

Sin lugar a dudas la problemàtica del sur es una gran tarea de este gobierno;hay mucho por hacer y de aqui a un tiempo no muy lejano se lograrà rescatar la credibilidad y confianza.
Se le ha dado la oportunidad al APRA...tiempo al tiempo...y veremos resultados.