17 de julio de 2006

UNIVERSIDAD Y UNIVERSITARIOS EN EL INTERIOR DEL PERU......preguntas que sacan "roncha"

Una de las grandes aspiraciones de la vida moderna es el acceso a la educación superior, a la formación profesional, a convertirse en ingeniero, doctor, licenciado, etc.

Desgraciadamente, la formación en las universidades del país, especialmente las nacionales y provincianas cada día van perdiendo la calidad que tuvieron hace décadas. Las razones son diversas: presupuestos exiguos, autoridades veleidosas, profesores mediocres, alumnos descorazonados, carreras desactualizadas.

La Universidad como institución se ha estancado en el S. XX, ha dejado de ser la fuente del saber, el lugar de la universalidad de las ideas y de los conocimientos, el laboratorio de investigación de la realidad, el referente de las utopías y los sueños, la casa que cincela el potencial humano para devolverlo como profesión al servicio de la persona y de la sociedad.

Ser universitario, a medida que pasan los semestres, muchas veces es el crecimiento gradual de la frustración. Enfrentados ante la pobreza de infraestructura, la medianía de los sistemas y de los hombres, la galopante pérdida del espíritu formativo y transformativo, nuestros jóvenes no hallan el día para salir, para egresar.

Vista así, parafraseando a Simón Pedro Arnold, la universidad como institución moderna se ha convertido en un pozo seco de donde la ansiosa curiosidad juvenil no tiene qué beber.

Por eso, los moralizantes juicios contra los centros de diversión ubicados en los alrededores de las universidades, debe más bien orientarse a enjuiciar a la universidad. ¿Qué hace? ¿qué proyecta? ¿cómo subsana (o elimina) sus taras? ¿cómo hace de la investigación la savia de sus acciones? ¿Cómo logra que la cultura sea su esencia dinamizadora? ¿cómo obtiene resultados de su nauseante burocracia? ¿cómo inserta a los alumnos en proyectos profesionales? ¿cuándo iniciará la reingeniería de sus procesos más nucleares? ¿cuándo será el faro que la sociedad espera? ¿cuándo hará que cada sesión de clase en el aula sea construcción de conocimiento? En pocas palabras ¿cuándo logrará el salto?

En fin, las preguntas son inacabables. También las hay pequeñas pero crueles como: ¿Cuándo se eliminarán los poco éticos cursos de titulación? ¿cuándo las maestrías dejarán de ser únicamente sinónimo de ingresos propios? ¿cuándo algunos profesores cobrarán separatas como ticket de aprobación? ¿cuándo no habrá casos de seducción y chantaje? ¿cuándo profesores y alumnos dejarán de asistir a clases sin ningún mililitro de alcohol?

¿Cuándo algunos trabajadores administrativos será ágiles y entusiastas? ¿cuándo el ingreso a la docencia dejará de ser un cubileteo de arreglos y favores? ¿cuándo los dirigentes docentes y estudiantiles dejarán de tomar el cargo como usufructuo y acomodo? ¿cuándo los docentes con casa propia dejarán de vivir en las residencias universitarias? ¿cuándo la infraestructura de la universidad dejará de ser un caos parcelado impuesto por la fuerza más que por la razón? ¿cuándo los grupos de poder docente y estudiantil dejarán de motivarse con el vil dinero o en la satisfacción de apetitos? ¿cuándo algunos docentes publicarán textos, expondrán en congresos, alcanzarán premios de investigación?¿cuándo el estudiante y el docente se darán cuenta que más allá de la profesión o “el cartón” se halla la vocación enriquecida de los jóvenes ciudadanos?

Preguntas y más preguntas. Más si se conoce el monstruo desde adentro, desde las entrañas, desde su núcleo, desde su abrumante cotidianeidad, desde su monotonía absurda y muchas veces irracional.

Pero la esperanza en una universidad distinta y superior nunca morirá. Forjemos una universidad como faro, guía, referente, manantial, constructora de desarrollo, descubridora de problemas, generadora de tecnología y dadora de las claves que nos permitirán el salto esperado: la salida de esta indeseable e inmerecida oscuridad.

3 comentarios:

Henry Valenzuela dijo...

Efectivamente la esperanza no morirá, pero será necesario vivir de esperanzas pensando que las personas a través del tiempo cambiarán. Una realidad mostrada en la docencia universitaria, es la falta de vocación de servicio por unas cuantas personas y el desinterés egoista por no querer enseñar sabiendo que muchas cosas no se pueden llevar a la tumba.
Qién no quisiera forjar una Universidad con las cualidades que Ud. señala, si la misma formó parte de nuestra vida juvenil o adulta. Quizas algunos detalles que en cierto momento no les pareció, cómo el tener participación social a través de la danza, el deporte, intercambio cultural, el voluntariado grupal mediante acciones cívicas, entre otras, permitan ser el despegue de la guía o referente del salto esperado, sabiendo que todo esfuerzo tiene su recompensa, de veras, entiendo que el hecho de no tener tiempo signifique un objetivo personal por querer hacer bien las cosas, para poder salir de esta indeseable oscuridad que en realidad no ne gusta nada; empujemos a tanto material humano que busca encontrar el gustito a una bella carrera profesional, como muestra de interés por beber unos cuantos sorbos de ese manantial que espera por lo menos un cántaro de esperanza profesional.
Quiero aprovechar para poder intercambiar información para dirigir o participar en la programación del CECUNA a través de un programa infantil, sobre todo los Domingos por la mañana o quizas otro horario, creo podría estar en la agenda del directorio, gracias. Henry.

Eland Vera dijo...

Entre líneas distingo un sano reclamo, gracias

tu hermana dijo...

No creas que esto pasa en el Perú, por Francia y España no están tan lejos de la realidad peruana.
Te lo digo por comentarios de amigos que visite allá a mediados de junio del 2006.
Uno dijo que las universidades españolas era lo más retrógrado y arcaico del país...y tenemos más para contarte.