26 de mayo de 2006

Televisión Universitaria en Puno: el proyecto postergado


CONFESION LUEGO DE 10 AÑOS

Lo que compartiré ahora -y no sé exactamente porque lo quiero hacer, incluso rompe con el formato de mi blog- ha sido una de mis marcas más dolorosas -y lo digo con extrema sinceridad-de mi paso profesional por la Universidad Nacional del Altiplano...

Corría 1994 y sin "acordarlo" antes -lo recuerdo con orgullo, porque esa es la mecánica de la elección de cargos en universidades públicas- fui elegido por votación de Consejo Universitario, Jefe de Relaciones Públicas. Fui el primer profesor de la Escuela en jefaturar esa oficina. Recuerdo que juramenté con un parche en la cabeza, porque días antes subí al campanario de la Plaza de Armas de la ciudad de Puno y por querer la toma perfecta con nuestra añorada M-3000, me golpee soberanamente con la campana. Ya ni recuerdo cuántos puntos.

Supongo que como relacionista no destaqué. Era obvio. De universitario elegí los estudios de periodismo, por los de relaciones públicas. Pero, en ese cargo sólo me interesaban tres cosas. Publicar religiosamente un boletín de información institucional (Willay), sostener incluso a costa del VHS de mi casa los ciclos de cine en el edificio del parque Pino (con hojas de divulgación cinematográfica gratuita y un inmenso televisor) y el encargo más excitante que un joven profesor universitario de comunicaciones puede recibir: el proyecto de creación de radio y televisión universitaria.

El diseño general era lo de menos (objetivos, instalaciones, personal, programación). Pero ¿la licencia ante el ministerio de Transportes y Comunicaciones? Lo recuerdo como si fuese hace una hora. Desesperado y a más de mil 300 km de Lima, donde no tenía ni un contacto al respecto, saqué el video de "La naranja mecánica" (en uno de las habituales ciclos..."La violencia en el cine") y coloqué presuroso el spot de la campaña a alcalde de mi jefe, el rector Torres Esteves (!sorry! pecadillo subliminal), antes de que los asistentes se fueran. Concluido todo, aguardaba un misterioso sujeto y una linda limeñita, mucho menor que él. El tipo socarronamente evidenció mi táctica. Conversamos, bastante. Lo llevé a casa, a Charo, mi esposa, no le gustó a primera impresión. Sus planes eran obvios: quería, como puneño que es, aunque en ideas parece de otro planeta, participar en la campaña de Torres Esteves. Psicólogo, vivía en Lima, estaba metido en marketing político y (¡oh, Dios!) había gestionado más de una licencia para radios peruanas. A la perfección: ayudaría en la campaña y sería el nexo para el canal y la radio. Así comenzó la amistad con Albino Ruiz Lazo.

Junto a Albino soñábamos el CECUNA (Centro de Comunicaciones de la U.N.A, hoy vulgarmente llamado "radio y televisión universitaria"). Albino imaginaba un super set desde el cerro Llallahuani, con vista al lago de los Incas; yo soñaba con un portento de programación educativo-cultural, a modo de vasos comunicantes entre el acervo puneño y el acervo universitario: una herramienta viva de proyección social. Eran sueños posibles, todo caminaba bien. En nuestros corazones y mentes no existía el cálculo malévolo, la ventaja mediocre, el usufructo perverso.

Pero, Charo siempre nos bajaba a tierra: "...ya van a ver cuando todo esté armadito, les van a dar una patada en..... y ya los voy a ver". Sí así fue. Todo fue aplicado a la inversa, simple calco menos que mediano de los canales y radios puneñas.

Debo confesar con hombría que lloré. Aprendí que los proyectos se arman con cálculo político; que la ambición de los medianos es demoledora y cruel; que el poder en las universidades públicas no lo posee, muchas veces, quien lo merece; que la mediocridad, a veces, gobierna.

¿Qué hicimos? Albino se fue, Rubén (otro gran colaborador) también. Nosotros saltamos a otros espacios. Pero, las heridas demoraron en cicatrizar. Más de una vez se me hacía un nudo en la garganta cuando me refería al CECUNA. Opté por ni siquiera ver TV.

Y claro, no hay mal que duré 100 años. Hoy la nueva directora del CECUNA, es la agorera de hace 10 años: Charo. Sé que hará un extraordinario papel, pese a cómo lo recibe. Por mi parte pondré todo de mí.

Pero ya aprendimos: nunca más daremos de comer perlas a los cerdos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me parece algo interesante, conocer algo de aquellos años cuando yo era practicante de relaciones publicas y cuando la oficina de relaciones publicas era un pequeño hoyo al costado de secretaria general.

aquellos tiempos cuando el raton sin cola renuncio su practicas de relaciones publicas ante la UNA y se fue a realizar a otra institución, eso es todo y que pase un buen dia
muy interesante la historia....

Anónimo dijo...

Es muy lindo imaginar un medio de comunicacion en donde se trabaje sin posiciones ni favoritismos politicos. Pero, hoy, la ética es manipulado por todos de acuerdo a los intereses y circunstancias.

El tema que ha compartido es muy interesante.